miércoles, 1 de enero de 2014

Llévame a tu desierto, ahí donde no hay nada, tan sólo ese tiempo que eres y todo me lo da.

domingo, 29 de diciembre de 2013

sábado, 28 de diciembre de 2013

No es necesario mudarse para hacerse sentir ausente.

Nos vamos, te vas, me voy, ¿a dónde? Como esas piedras que ruedan en los caminos haciendo tropezar.

domingo, 6 de octubre de 2013

The beauty from pain

Hola. Quiero decirte que no hace falta que seas fuerte. Que sé lo cansado que es que te repitan una y otra vez que tienes que seguir adelante, que tienes que lamerte las heridas y ponerte en pie. Quiero decirte que puedes llorar, si es lo que sientes, no reprimas las lágrimas. Llorar es bueno. También quiero que sepas que la vida está llena de cosas que te harán sentirte mal, al igual que hay muchas que te harán sentir bien. Que comprendo que ahora tu mundo y las cosas que te atormentan se resumen a gritos ahogados en la almohada, a miradas perdidas, a lágrimas repentinas. Quiero que sepas que puedes permitirte ser débil, que puedes sentirte fatal, sentir como todo se te viene encima y ya nada parece tener sentido. Quiero que no dudes que estás en pleno derecho de ello, y que nadie puede llegar a decirte que dejes de estar mal por esas tonterías, porque puede que para los demás no sean más que eso, estupideces, pero para ti no tienen por qué serlo. Quiero que no te sientas mal por abandonarte unos días, querer dormir todo el rato, llorar varias veces al día, incluso frustrarte una y otra vez, y otra, y otra, por los mismos asuntos. Puedes derrumbarte.
Eso sí, también quiero decirte que llegará un momento en el que todo tu llanto, toda tu debilidad y tus ganas de alejarte de todo, deben reunirse para poder alzar el vuelo de nuevo. ¿No crees que sería demasiado sencillo quedarse tirado en el suelo, lamentándose? Sí, es demasiado sencillo. Quiero que entiendas que llegó el momento de tragar saliva y apretar los puños, el momento de alzar la cabeza y dar un paso al frente. Ya es hora. No quiero que olvides tu dolor, ni mucho menos. Es más, quiero que lo recuerdes. Que siempre lo tengas presente. Que ese sea tu motor.
Aún quedan muchas, muchísimas cosas por vivir. Tantas, que ni siquiera puedes imaginarte qué te depara el futuro. Quiero que entiendas que, si escribo todo esto, es porque todos necesitamos llorar de vez en cuando. ¡Y sonreír cuanto más, mejor! Así que sonríe. Tal vez ahora no encuentres una razón, pero piensa, seguro que tienes alguna. Piensa en tu vida, ya no en lo malo, sino en lo bueno. Seguro que hay algo, ¿eh? Si, si, lo hay. Pues sonríe por ello, porque vale la pena. Sea como sea, siempre, siempre, debemos seguir buscando motivos. Motivos para ser felices. Y lo más maravilloso es que habrá veces en las que esos motivos aparecerán porque si, sin siquiera esperarlos.

Quiero decirte esta dura verdad, y es que siempre vamos a sufrir. A veces, sufriremos por cosas o gente que merezca la pena, pero otras, sin embargo, no. Y entonces nos parecerá terriblemente injusto. Pero es que la vida es así, no hay más. Es como una moneda, con cara y cruz. No puede haber una sin otra, no puede haber risa sin llanto, sonrisa sin lágrima... No puede haber felicidad sin dolor. Quiero que sepas que siempre podrás levantarte. Que aunque haya dolor, la felicidad vale tanto la pena, que somos capaces de continuar a pesar de los golpes. Tenemos esa maravillosa capacidad. Y aunque tú no lo creas, la tienes. En tu interior está la fuerza que necesitas, sólo debes buscarla.

lunes, 19 de agosto de 2013

¿Quién contará la historia de tu vida? ¿Y quién recordará tu último adiós?